Circular Navidad 2013

Navalón-Valencia
Navidad 2013

 

“Os anuncio una Gran Alegría…”

La “Alegría del Evangelio”

Un día nublado, pero sin lluvia, en un punto preciso de la tierra, y una campana no puede contener su alegría. “Esto no tiene explicación; ¡Ya se oye su repicar!” Y eso que todavía no posee ni edificios, ni capilla, ni espadaña donde albergarse. Tan solo se empiezan a entrever los cimientos y alguna solera del próximo pequeño monasterio de hermanitos, el Lumen Crucis.

La dulce Providencia precede siempre los proyectos del hombre y esta vez, ha querido mostrarse en forma de… campana. Cuando los hermanitos la contemplan admirados y por primera vez la escuchan, su corazón rebosa de alegría, la alegría del Evangelio. Y esa precisamente es su misión; humilde campanilla que no existe sino para dar gloria a Dios. ¿A ver cómo suena?: “Ding…” ¡Gloria a Dios en el cielo! (cf. Lc 2, 14) “Dong…” ¡Gloria a Dios en el cielo!…

Y la respuesta divina no se hace esperar, y su alianza de paz se renueva con un signo. “… ¡Y en la tierra paz a los hombres…!” “¡Mira, un arcoíris!” Lo extraño de todo esto es que no haya caído ni una gota de agua. “¡Un arcoíris sin lluvia!”

Así debe ser la Luz de la Cruz, una luz muy colorida, la luz de la Alianza de Paz. (cf. Gn 9, 13)

El cielo ha respondido, sí, y para todos, hermanitos y hermanitas, es un consuelo. Estos últimos meses, muchos de nuestros vecinos y amigos han sido atraídos a él y poseen ya la vida que no tiene fin. Así, por unos instantes, se ha percibido en Navalón algo de la luz que ellos contemplan. “Gracias, Señor, por tu Alianza renovada, por tu promesa de eternidad.”

“Si hasta allá arriba en el cielo ha resonado, ¿Acaso habrá llegado el tintinar de la recién llegada a oídos de las hermanitas, que no están tan lejos?”

En su monasterio de la Transfiguración, con edificios ya levantados, la vida transcurre regularmente. Los “peregrinos” se suceden como las gotas de una lluvia muy fina: jóvenes, grupos de confirmación, parroquias, niños, la Comunidad católica China, un obispo de India, y alguna que otra ovejita extraviada… todos acuden sedientos, “pero ¿cómo se puede ser misionero en este desierto? ¿Y cómo dar de comer y de beber a tantos?” (cf. Mt 14, 15-17)

El Santo Padre lo pide, exhorta a sus fieles a evangelizar, a transmitir la alegría del Evangelio, tal y como hace nuestra pequeña campana. “¡Pero si ella no hace nada!”–dirán algunos.

-“No hace nada, no, tan sólo sirve para dar gloria a Dios.”

Algo parecido nos dijo sobre el monasterio el Pastor de un pueblo de cristianos perseguidos en India cuando vino a celebrar la eucaristía: “El mundo necesita ver estos lugares de paz (en los que parece que no se haga nada), estas “tierras santas” anuncian que la paz es posible en la tierra.”

Anunciar la Alegría, anunciar la Paz, anunciar que la fraternidad es posible, esa es la tarea en Navalón. Y no es sólo para religiosos, sino que es la de todos los cristianos.

Hace ya algunos años que los jóvenes suben al “monte de la Transfiguración” esperando escuchar tan solo una Palabra que les devuelva la alegría: “Tú eres mi Hijo Amado”. (cf. Mt 17, 5) Aquí, somos testigos de cómo un instante puede bastar para cambiar el rumbo de una vida. Y entonces ¡El mismo joven se convierte en evangelizador!

A veces basta con mirarlos y otras, se les presenta la ocasión real de hablar “de lo que han visto y oído acerca de la Palabra de vida.” (cf. 1Jn 1,1-3) Ocurrió aquella vez en que unas cuatro o cinco chicas, tras un fin de semana de oración y manducación del Evangelio, concluyeron espontáneamente su “retiro” compartiendo sus experiencias a unos treinta adolescentes de confirmación. Un grupo mucho menos acostumbrado a la profundidad, al silencio y al diálogo personal con Jesús. Su testimonio les valió más que cualquier catequesis.

Este nuevo impulso del Espíritu no acaba aquí. Los chicos y chicas que desde el inicio de esta aventurada locura de la construcción se han acercado a la Comunidad del Cordero, pidiendo que se les tienda una mano en su caminar, los mismos que han dicho “Sí, quiero, con la gracia de Dios, amar a la Iglesia, a los pobres, a los más pobres…” se abren ahora a una nueva experiencia como “misioneros”. En Valencia, acompañando a las dos hermanitas que allí viven, quieren responder a la llamada del nuevo párroco. Van con toda su pobreza, sin otro proyecto que el de seguir el Proyecto de Dios, al barrio de la Coma (barrio en las periferias de la ciudad). La oración, el caminar por las calles atentos a las personas con que se topan y la intercesión, serán el “método” para asemejarse más a Jesús, el Emmanuel, el Dios con nosotros, al Dios que no nos ha dejado solos en lo más bajo de la tierra y que ha cargado con todo nuestro lastre de pecado y de miseria. “Oh, Emmanuel, luz en las tinieblas de la Coma, resplandece en el rostro de estos jóvenes.”

No, no nos olvidamos de que no sólo los más jóvenes acuden a la fraternidad del centro-ciudad. La Luz de la Cruz que brillaba con tanta fuerza en uno de nuestros laicos, muy enfermo, permitió sin duda que otros muchos la vieran también brillar en sus propias enfermedades, del cuerpo o del alma, y desde el año pasado, gracias a su presencia, la familia se fortalece.

Ahora, juntos, profundizan en la meditación de la Escritura, y como el pueblo errante, se sostienen unos a otros hasta alcanzar la Tierra de la Promesa, en la que ya descansa este querido amigo y hermano. ¡Alegría compartida en el cielo y en la tierra!

En esta Natividad del año 2013, los hermanitos del “monasterio Lumen Crucis”, las hermanitas del “monasterio de la Transfiguración” y las de la fraternidad de Valencia quieren ser simples y pobres campanillas que se dejan mover por el soplo del Espíritu. Así su música anunciará la Gran alegría del Evangelio. ¡Y Dios renovará su Alianza en cada corazón que esté dispuesto a escuchar!

¡Feliz Natividad 2013!

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