Dos moneditas

Estamos en misa. Es el  día después de la festividad de la Transfiguración y, unos días antes, un hermanito, pensando en la construcción del futuro pequeño monasterio Lumen Crucis hizo una oración a San José: “Por favor, envíanos un gran don, un gran donante para poder empezar”.          

He aquí que este día, 7 de agosto de 2012, el Evangelio proclamado en la eucaristía nos habla de una viuda pobre, muy pobre, que no tenía nada para vivir, solamente dos moneditas. Y ella las da, ofrece todo lo que posee, y nadie la ve. Nadie, salvo Jesús; que llama a sus discípulos para que ellos también puedan verla y aprender de ella. El Evangelio nos lo dice: “Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas (en el Tesoro del Templo) (…) Entonces, llamando a sus discípulos,  Jesús les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro.  Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.” (Mc 12, 41-44). Esta viuda lo da todo… ¡porque tiene a Dios en su corazón!

He aquí que al acabar  la misa, un niño va con sus padres a hablar con un hermanito. Los padres le dicen: “hace unos días nuestro hijo decidió dar todos sus ahorros para la construcción del pequeño monasterio de los hermanitos en Navalón”. Entonces el niño de siete años, sonriendo, mete su pequeña mano en su bolsillo y, con toda naturalidad, da al hermanito todos sus bienes, todo lo que posee: es decir cuatro euros… dos monedas de dos euros cada una. ¡Dos moneditas!

El hermanito, conmovido, acoge esta ofrenda y, en su interior, recuerda la oración hecha  a san José unos días antes: “El gran Don. El gran donante…”.

He aquí la respuesta de la Providencia. Este es el primer don desde el día en que recibimos la propiedad del terreno. Una “palabra de Dios” para nosotros. Dos moneditas…un niño…el gran donante…la primera piedra. ¡Dios está aquí!. Entonces, ¿por qué preocuparnos?

Top